GERMÁN SÁNCHEZ ESPESO

Breve biografía autorizada

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Primeros sueños

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso, 11 de Noviembre de 1941

Germán Sánchez Espeso nació en Pamplona (Navarra), el 22 de enero de 1940, en el momento en que finalizaba la Guerra Civil Española y comenzaba la Segunda Guerra Mundial. Es hijo de un agrimensor del Departamento Catastral de la Diputación de Navarra, Francisco Sánchez Oyarzábal, de origen navarro, y de Adelina Espeso Pelayo, una guapa castellana.

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Francisco Sánchez Oyarzábal
Biografía de Germán Sánchez Espeso
Adelina Espeso Pelayo
Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso, c.1942

Cuando aún se estaba gestando su vida en el vientre materno tuvo lugar un triste acontecimiento. El primogénito de la familia, un niño de solo tres años, murió a causa de una disentería, y los padres atormentados tuvieron la "feliz" idea de que el nuevo vástago heredara su nombre, tal vez con la intención de restituir las cosas a su estado anterior, sin tener en cuenta los efectos que esa inocente decisión traería para el nuevo Germán. Así, se dio la paradoja de que en el cementerio de la ciudad de Tafalla (Navarra) hubiera una lápida con el nombre de Germán Sánchez Espeso, el niño que acababa de nacer.

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso, con su madre y su hermana, c. 1945

El nuevo Germán pasaría a ser el menor de dos hijos. Su hermana mayor, solo por año y medio, fue compañera y guía en su primer despertar a la vida. Obligado, por mandato parental, a ir siempre acompañándola, el niño creció rodeado de niñas que despreciaban al pequeño importuno. De modo que Germán, o Germanito, como le llamaban –nombre de tan ampulosa sonoridad no se adecuaba a su naturaleza-, llegó a reunir su colección particular de cromos y alfileres de coloridas cabezas, como uno de los instrumentos más útiles para conquistarlas. Así fue admitido en el joven grupo femenino como miembro de pleno dere­cho, dada su creciente habilidad para dejarse ganar debidamente los preciados objetos.

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso, c. 1943

Entretanto, los niños de su edad intercambiaban otro género de cromos "más varoniles", de futbolistas o de Robín de los bosques. Cuando accedió a ese nuevo placer masculino, recibió una primera lección que le dejó más perplejo de lo que había estado hasta entonces: le sorprendió la abismal diferencia que existía entre la inenarrable ilusión de adquirir los cromos, coleccionarlos, intercambiarlos y pegarlos en un álbum, y el desinterés que le originó la colección una vez completada. Pronto entendió que la vida se parecía a un álbum de cromos, y, tal vez, que lo verdaderamente importante y satisfactorio no era tanto el resultado como el recorrido para alcanzarlo. La toma de conciencia de la futilidad generalizada le hizo ambicionar otras fantasías mayores: primero, la de la adhesión incondicional a los Reyes Magos, y más adelante, a la de una felicidad eterna e inmarchitable.

Conocimiento

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso, c.1944

Uno de sus recuerdos más vívidos y también de sus emociones más difusas de su primera infancia procede de una mañana en la que su madre le despertó para decirle alegremente que la guerra había terminado. Al niño le ocupó algunos años entender que ella se estaba refiriendo a la Segunda Guerra Mundial, e igualmente que tan "feliz" desenlace se lograse mediante el lanzamiento, por parte de los Estados Unidos, de sendas bombas atómicas sobre los civiles de dos apacibles ciudades japonesas.

Con la misma inocencia, no infiere entonces, de la noticia, lo que tal acontecimiento supondría para la formación de su futura personalidad. Años más tarde sabría que no sólo se inauguró una nueva paz, sino también un nuevo y gran temor para él, pues su pensamiento se mudó, desde la resignada conciencia de la propia desaparición como individuo, al estúpido sinsentido de la probable desaparición de todas las especies, incluida la propia, a manos de ella misma.

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Germán Sánchez Espeso con su hermana, 1946

A la tierna edad de cinco años comenzó con el aprendizaje de las primeras letras en un pequeño colegio con una veintena de alumnos, situado en un piso particular y regentado por dos señoritas. Una de ellas, la directora, doña Severina, hacía honor a su nombre, según cuenta. Mientras aprendía a descifrar el lenguaje escrito, miraba con especial admiración a su padre, ocupado a última hora de la tarde en hojear "Unidad", el diario vespertino local.

Germanito leía por la calle todos los letreros que le salían al paso, sintiendo un pasmoso regocijo al comprobar que era capaz de descifrar su significado. El día que se creyó por fin capaz de interpretar cualquier texto, tomó el periódico de su padre para acceder al mágico mundo de los mayores y deletreó el siguiente titular: "Chiang-kai-shek pierde terreno, Chu-en-lai envejece". Este hecho hizo que su seguridad como descodificador del lenguaje escrito menguase un tanto, sentimiento que se agravó cuando en la pared de una panadería leyó una inalcanzable inscripción que rezaba: "Pan y pan con ello, y pan para comello". Tal vez este misterio lingüístico fuera el impulsor de sus pasos literarios pasado el tiempo.

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso, c. 1946

Entre sus recuerdos más tenaces y fascinantes, Germán me describe el del olor del bolso de su madre. En él, los aromas de la piel curtida, del frasquito de esencia y de la fragante polvera de bolsillo, se mezclaban con el de los billetes de una peseta manoseados hasta convertirse en sucias piltrafas, cuyo aspecto y olor le evocaban una oscura mezcla de deseos, tactos y transacciones.

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Día de la Primera Comunión, mayo 1947

Por aquella época obtuvo su primera gran decepción, que supuso una merma de la confianza que le merecía el ser humano. Con siete años se enteró en el colegio de que aquel asunto de los Reyes Magos era una soberana mentira en la que todos (padres, sociedad, religión), hacia los que le enseñaron que debía profesar una fe incondicional, todos ellos se habían conjurado para engañarle, de lo que extrajo la conclusión de que ya no podría confiar en nadie, y comenzó a temer que todo lo demás (la política, el amor, etcétera) resultara otra cochina patraña, como pudo cons­tatar en adelante.

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En el Colegio de los Jesuitas de Pamplona, 1948

A esa misma edad inició los estudios previos al bachillerato en el colegio que los Jesuitas acababan de inaugurar en Pamplona. Se trataba de un centro elitista, cuya nombradía de colegio de refinada educación no impedía que un grupo de alumnos, entre los que se encontraba el joven Sánchez Espeso, al salir de clase empleara sus ocios en apedrear las bombillas de las farolas, o, utilizando esa misma munición, organizara batallas campales con los niños de otros colegios de pretensiones menos notorias.

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Germán Sánchez Espeso, c. 1948

Sin duda, esa actividad le parecía más estimulante, para su vitalidad innata, que la de esos adultos capaces de pasar la tarde alrededor de una mesa sin hacer nada más que charlar, y que al finalizar la reunión sentenciaban: "Bien, ya hemos matado la tarde". Este comentario que a veces les escuchaba, le llegó a originar un nuevo y serio motivo de alarma. Efectivamente, habían asesinado la tarde y habían destruido irreparablemente un trozo de tiempo único y precioso, y cometían cada tarde un crimen de lesa felicidad, abriendo en el ánimo de Germanito un nuevo frente de incomprensión y recelo.

Esa época coincidió con el periodo más oscuro de la posguerra española y, a la vez, el más reluciente de la sangrienta represión franquista. Imperaba el miedo político y religioso. Bajo la férula de la disciplina católica, el muchacho fue sometido a una dictadura moral paralela a la dictadura política, basada fundamentalmente en la coerción sexual.

Adoctrinado sobre el incomprensible pecado que suponía mirar los ingenuos carteles de los cines de la época, el muchacho, compungido, acudió al confesionario para declararse reo de haber observado con curiosidad una de aquellas "tentaciones", sin saber muy bien dónde radicaba su culpa. La confusión de su delicada conciencia en estos asuntos se vio colmada al escuchar la interpelación del confesor: "Y... ¿has consentido?". Era una nueva expresión, desconocida hasta entonces para él, del amplio elenco de la enrevesada e hipocondríaca moral católica.

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Germán Sánchez Espeso, 1953

Era la misma época en la que el Padre Espiritual les decía a los alumnos que, cuando sintieran ganas de "tocarse", agarraran fuertemente con ambas manos la medalla de la Virgen que llevaban al cuello, y mientras mantuvieran ambas manos en esa posición, la Virgen, con toda certeza, les protegería de tan nefanda tentación.

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Germán Sánchez Espeso, c. 1955

En la moral católica que le mostraron había muchísimas cosas (casi todas) incomprensibles para el joven Germán. Una de ellas (la más cercana en aquel momento de su despertar sexual) se refería a la llamada "parvedad de materia" respecto al asunto del sexo. Cualquier pecado, por ejemplo, el robo, admitía parvedad de materia; es decir, la condena era proporcional al pecado. Si uno se apropiaba de una peseta ajena cometía un pecado venial, pero si se apropiaba de mil, cometía un pecado mortal. En cambio, no se admitía la parvedad de materia en el pecado sexual, que ni siquiera era llamado así, sino con otra palabra que también empezaba por "sex" pero mucho más aceptada en sociedad: pecado contra el "sexto mandamiento". De manera que si se "consentía" durante quince segundos en sólo un levísimo deseo sexual, aun sin "tocarse", el pecado cometido era mortal y conducía directamente al infierno. De ese modo, cualquier pecadillo inocente podía convertirse para Germanito en un pecado tan mortal como si hubiera violado en serie a todas las casadas de Pamplona.

En un ambiente social y académico severamente religioso le asaltaban continuas y alambicadas dudas de fe que ponían en aprietos a su Padre Espiritual, y que hubieran comprometido igualmente al más avezado de los teólogos: "Si Dios es omnipotente, ¿no puede hacer que vivamos engañados respecto al resto de sus supuestas divinas virtudes?".

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso , 1956

Camino del colegio, pasaba cada día por una papelería-librería. A menudo se detenía delante del escaparate para contemplar las novelas, acariciando el deseo de la casi inaccesible realidad de llegar algún día a ser autor de un libro, sin imaginar que, diez años más tarde, una novela suya iba a ser expuesta en aquel mismo escaparate. La idea de los deseos cumplidos de la infancia le inspiró una novela corta, El corazón del sapo, publicada en 1987 y probablemente exhibida en aquella vitrina. En ella, un padre en el lecho de muerte le da un consejo a su hijo, un niño de mediana edad: "Elige bien tus deseos, hijo mío, pues lo terrible de los deseos de la infancia es que casi siempre se cumplen".

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso (primero por la izquierda)en una exposición colectiva de pintura en 1957

Resultó ser un colegial altamente imaginativo, que dedicaba sus ocios a dibujar y pintar, tallar madera, modelar barro y escribir todo lo que demandase su intelecto: poemas, relatos, una obra de teatro en verso, titulada "El amante, la amante y su padre" (que dejaba en suspenso si ese "su" se refería al padre de él o de ella) o incluso un largo ensayo jocoso sobre la historia de la humanidad, titulado "No es tan fiera la Historia como la pintan".

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso en una representación en el Teatro Gayarre, de Pamplona, en 1957

Otra de sus facetas juveniles fue su marcada vena histriónica -que ha vuelto a acompañarle en sus últimas novelas- desarrollada en las frecuentes representaciones teatrales que tenían lugar en el colegio y en las que participaba asiduamente. Me cuenta que desde entonces siempre le acompaña la sensación de estar participando en una obra escénica cada vez que asiste a un juicio, a un acto litúrgico, a un desfile o a un homenaje, como el que le tributaron generosamente en 1979, en San Juan de Puerto Rico, los miembros de la selecta Sociedad de Posgraduados en España, y en el que tuvieron que prestarle el esmoquin y los zapatos de charol, escribirle el discurso y hasta proporcionarle una joven y bella acompañante para que el homenajeado asistiera adecuadamente compuesto al acto de entrega de una bandeja de plata grabada.

Hacia el interior

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso, 29 septiembre 1957

Terminada la Enseñanza Media y aprobado el examen del curso de acceso a la Universidad, le llegó el momento de elegir profesión. La impronta religiosa recibida durante diez años como alumno de los jesuitas, le inclinó, a los diecisiete años, a seguir ese camino y hacerse jesuita. Entre las dos posibilidades que se le presentaban: una, ser ingeniero industrial -a lo que su padre le había destinado- y otra, dedicarse a la causa de la salvación eterna de la humanidad para librar de las llamas del infierno a las desdichadas almas en tinieblas, la opción última, mucho más atractiva, estaba clara.

Además, el hecho de tener la sorprendente oportunidad de trasladarse al Congo o la India para salvar esas almas o poder convertir un trozo de pan en Dios y darlo a comer a quienes lo desearan, resultaba por demás excitante para un espíritu imaginativo como el suyo.

La preparación para alcanzar tan sublimes cotas sería larga y trabajosa, pero pensaba que merecería la pena el esfuerzo. Así, ingresó en el noviciado que los jesuitas poseían en un monasterio del siglo XII construido en medio de un idílico valle situado en la vertiente oriental del monte Moncayo, en Zaragoza. Se trataba del impresionante monasterio de Veruela, donde Bécquer escribió sus cartas "Desde mi celda", en las que calificaba el lugar de "miserioso e imponente", "hermosamente sombrío" y "envuelto en amable tristeza".

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso, 1960

Cuatro años de retiro tras los altos e inapelables muros que lo rodeaban -levantados no se sabía si para evitar que entraran los de fuera o que los que estaban dentro salieran-, le sirvieron para aproximarse a los entresijos de la orden religiosa. Allí se inició en las jesuíticas "reglas de la modestia" (que bien podrían titularse "reglas de la altanería"), accedió a los documentos clasificados con la etiqueta ad usum tantum nostrorum (sólo para los nuestros) y estudió Estética, Retórica, Oratoria y Estilística Literaria, mientras realizaba una profunda inmersión a tiempo completo en los clásicos griegos y latinos.

De aquella época, le resulta imposible olvidar las capillas cargadas de flores recién cortadas y la mezcla de sus lujuriosos aromas que saturaban el aire de la ya por sí misma apabullante ornamentación dorada del rococó jesuítico de los altares. Sus olores eran menos mundanos que los del bolso de su madre, reconoce, pero no menos sugestivos. A la erótica propiamente dicha y a la famosa erótica del poder, afirma, habría que sumar una tercera: la sutil erótica de la mística, a veces no tan sutil (añade), a juzgar por los arrebatos de Teresa Cepeda, tan ajustadamente interpretados por Bernini.

Tampoco puede sustraerse a sus recuerdos aquella extraña práctica a la que llamaban "ejercicio de humildad" y que consistía exponerse, por turno, a las opiniones de los compañeros sobres aquellas cosas que más les desagradaban (no de las que les agradaban) de la personalidad del evaluado; cada uno de los asistentes se ponía de rodillas en medio de la sala de conferencias y así quedaba indefenso ante un incipiente aluvión de "críticas constructivas", por usar un eufemismo; un ejercicio apto para desarrollar no sólo la humildad sino, en cierta medida, el instinto sadomasoquista.

Pero acaso nada tan estimulante para Germán como aquella sencilla muestra de su recién adquirida dignidad, recibida a los dieciocho años en una visita de cortesía efectuada a la duquesa de Villahermosa, en el admirable palacio que esa familia poseía en la villa de Pedrola (Zaragoza). Su sorpresa y perplejidad dejaron huella en la memoria del joven cuando vio descender por la escalinata del patio a la duquesa que se acercó a él y, casi postrada de rodillas, posó reverencialmente sus ducales labios en el dorso de esa mano de aprendiz de jesuita.

Con todo, el recuerdo más homérico del recién estrenado neófito quizá sea el del lema del santo patrono de los jóvenes adeptos, pronunciado por un jesuita apellidado Berchmans, que, como todo artista, conquistador o santo, estaba necesariamente sumido en un avanzado estado de neurosis obsesivo-compulsiva. El lema rezaba: "Antes reventar que transgredir la más mínima de las reglas o mandatos". No debe extrañar que el voluntarioso autor de la frase muriera a los 22 años.

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Germán Sánchez Espeso, 1962

Germán Sánchez Espeso tenía casi esa misma edad cuando se trasladó a la Facultad de Filosofía de Loyola, situada entre montañas en el interior de Guipúzcoa: pasó del clima seco y soleado al húmedo y lluvioso, y del universo concreto y amable de los oradores y poetas, al abstruso y enredado de los filósofos. Allí, la cercanía de lo admirable le estrechó aún más. Los muros de granito del colosal edificio-santuario guardaban, como la concha de una inmensa ostra, lo que podía denominarse la perla de la corona jesuítica: la casa-torre donde nació Ignacio de Loyola. Ese pequeño edificio medieval, centro de peregrinaje cosmopolita, acaso no gozaría de tanto predicamento si en una de las estancias de la planta superior, Ignacio no hubiera sido significado con uno de esos portentos con los que sólo son premiados unos pocos escogidos, generalmente proclives a escuchar voces interiores: la aparición de la Virgen.

En ese entorno fantasmagórico, el nuevo estudiante de filosofía entendió el descomunal esfuerzo humano por encerrar los siete mares en una petaca de bolsillo. Allí palpó violentamente la realidad del cerebro, una herramienta insuficiente a todas luces para entender prácticamente nada de lo que se le muestra delante de los ojos. Y mucho menos de lo que no se le muestra.

El intelecto

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Germán Sánchez Espeso, en Loyola (Guipúzcoa), 1963. (Última foto con su padre, que fallecería poco tiempo después)

El despliegue del elenco de asignaturas con nombres tan exóticos como Metafísica, Lógica, Crítica, Cosmología o Psicología Racional, le resultó tan rimbombante como misterioso. Y dentro de cada una de ellas se abrieron, como pétalos de una planta carnívora, dos centenares de tesis o proposiciones que él debía aprender, presentar, desarrollar y defender en latín mediante argumentaciones herméticas (silogismos) perfectamente discutibles; tanto, que podían multiplicar los distingos y subdistingos hasta el infinito. Se trataba de un ejercicio mental tan estimulante de las neuronas como estrambótico, y tan inútil como la matemática pura.

De todas las asignaturas, la que le pareció más vana fue la Teodicea, que pretendía demostrar la existencia de Dios por la luz de la razón. Su objetivo venía a ser tan desesperante y fatuo como el de demostrar la existencia de Dios por la palabra revelada, expuesta en los autodenominados textos sagrados. De todos modos, el estudiante llegó a la conclusión de que resultaba tan difícil creer en la espontánea sinrazón de la fe como en los concienzudos razonamientos de la teodicea.

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Germán Sánchez Espeso en el papel de Don Mendo, en 1963. Representación de sólo hombres. Los personajes femeninos eran actores travestidos

Durante los tres compactos años de duración de estos enrevesados análisis, las asignaturas se intercalaban con cursos especiales de psicología experimental, antropología, catequética, biblioteconomía y marxismo. Por si tal ocupación fuera pequeña, el joven estudiante continuó allí con su actividad teatral, montó un cineclub, escribió guiones para la radio, colaboró en Vértice, la revista de la Facultad, se inició en la práctica del Hatha Yoga, redactó el borrador de un relato que le serviría de plantilla para desarrollar su primera novela publicada, y empleó los veranos en asistir a los cursos especiales de la Cátedra de Cine de la Universidad de Valladolid, lo cual inspiró el título de su tesis de licenciatura: Arte, artes y cine.

Los dos años siguientes fue profesor de literatura en el Colegio de los Jesuitas de Tudela (Navarra). Allí planificó y comenzó un ambicioso proyecto literario: escribir una pentalogía que mostrara su visión particular del mundo utilizando los temas fundamentales de los cinco libros del Pentateuco, con un estilo literario novedoso.

A pesar de los malos momentos soportados durante esta época, es patente que su formación como intelectual e investigador en numerosas disciplinas le ha proporcionado el material personal del que está hecho un gran escritor.

Hacia el exterior

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso. Autorretrato. 1965

Las dilatadas vacaciones de esos dos años de docencia le sirvieron para trasladarse a París con el fin de respirar aires más sanos de los que se usaban en la dictadura franquista, perfeccionar en L´Alliance Fraçaisse la lengua francesa aprendida en el bachillerato y asistir a las sesiones de cine mudo y clásico programadas en la Cinemateca Francesa.

De esa época data una experiencia no menos vital que onírica. Con apenas unos francos para sobrevivir, emprendió un viaje en autostop desde París con el fin de conocer uno de los babilónicos lugares de lujo, pecado y desmesura más envidiados del mundo: la Costa Azul. Llegó a Cannes por la noche, cuando los casinos, restaurantes y hoteles de lujo, iluminados como diabólicos escenarios, se ofrecían a los ojos del joven visitante en el ápice de su esplendor. Su economía sólo le permitió tumbarse sobre la arena de la playa del Hotel Carlton para pasar la noche. Allí meditó sobre el grueso telón de cristal espejeante que separa el mundo de los desheredados del de los privilegiados.

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso, en 1973, en la puerta del Hotel Carlton, de Cannes, volviendo de la playa

En el primer sueño le despertó la punta de la bota de un policía que le hizo observar que estaba ocupando una playa privada. Así, el espiritual vagabundo, pasó el resto de la noche tumbado en un elegante banco del bulevar de la Croissette. Él no sabía entonces que, menos de diez años después, se hallaría hospedado en ese mismo hotel, el Carlton, participando en los más brillantes fastos del Festival Internacional de Cine Publicitario, y que, como una atónita Alicia, se contemplaría a sí mismo durmiendo en la playa y expulsado de ella como un intruso.

La primera de las novelas de su personal Pentateuco, titulada Experimento en Génesis, apareció en 1967, en la editorial Seix Barral. De ese modo entró a formar parte del exclusivo grupo de escritores innovadores acogidos a la protección del reconocido editor Carlos Barral. Se habló de él como del primer verdadero experimentalista en castellano. El título de su primera novela, Experimento en Génesis, así lo refleja. En el cajón de su mesa de trabajo aún queda un breve vestigio de tal veleidad literaria: un relato titulado Estudio para una apoteosis de los ángeles caídos. Se trata de un sorprendente experimento metaliterario en el que juega con el tiempo y el espacio, tanto literarios como físicos, en el que el propio soporte, la página impresa, cobra un papel principal: está escrito a dos columnas en las que el pasado y el presente se interfieren entre sí, tanto temporal como físicamente, en la materialidad escrita.

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso, Praga, septiembre 1967

Posicionado en el grupo izquierdista de los jesuitas, que adoptaba posturas antifranquistas y cercanas a los incipientes movimientos eurocomunistas, en 1968 fue invitado por un profesor de literatura de la Universidad Carolina de Praga a visitar Checoslovaquia, uno de los países a los que el gobierno español prohibía viajar. Efectuó el trayecto París-Praga en un pequeño reactor soviético, suceso que pasó inadvertido al gobierno español, no así al checo, que no vio con buenos ojos la presencia del huésped, a pesar de que su viaje coincidió con el intento de liberalización política denominada "Primavera de Praga". Al cabo, la propuesta de la universidad de traducir al checo Experimento en Génesis fue rechazada no por su temática, sino por la profesión de su autor, tildado de "agente del Vaticano".

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Busto de Germán Sánchez Espeso. Terracota de Antonio Loperena, 1965

En 1966 se trasladó al Monasterio de Oña (Burgos), conjunto monumental del siglo XI, al que podría llamarse poblado monacal autosuficiente, con panadería, herrería, corrales, criadero de truchas, etcétera. Rodeaba el monasterio una muralla de piedra que abarcaba, en su inmenso perímetro, un predio montañoso de grandes proporciones y trepaba por los declives como la Muralla China.

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso, Bilbao, 1967

Allí estudió su primer curso de teología. Era una disciplina mental que excedía infinitamente a la filosofía en cuanto a pretensiones. Para Sánchez Espeso, no dejaba de resultar fascinante una enseñanza que aspiraba a dar serias explicaciones sobre asuntos tan fantasiosos como los grados de conocer a Dios o las especies de los ángeles. Pero la cumbre de lo admirable -según sus palabras- lo alcanzaba el detallado estudio de la Segunda Persona de una ardua trinidad deífica, encarnada en un hombre del que no hay ninguna prueba histórica de su existencia, pero del que, sin embargo, se asegura que, tras haber nacido de una virgen, resucitado y ascendido físicamente a un lugar llamado cielo, como todos saben, se deja comer asiduamente bajo la apariencia de un trozo de pan.

En Oña compatibilizó sus estudios con la redacción de la segunda novela de su Pentateuco, titulada Síntomas de éxodo, (Seix Barral, 1968). Utilizó las vacaciones veraniegas para efectuar un curso intensivo de teoría y técnica televisivas, en los estudios de Prado del Rey (Madrid), donde obtuvo el título de realizador de televisión. En octubre se trasladó a la Universidad de Deusto (Bilbao) para continuar con los estudios de teología. Fue allí, al final del curso, donde abandonó sus creencias religiosas. Se sintió defraudado por la fantasía de los argumentos teológicos y estafado por una propuesta en la que, como sucede en las sociedades secretas, al neófito se le exige confiar, acatar, entregarse, a la espera de ser recompensado con la manifestación de los secretos últimos. Su decepción no fue pequeña cuando terminó de constatar que, tras descorrerse el último velo, el sanctasanctórum estaba completamente vacío.

Alzando el vuelo

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso, 1969

Tenía 28 años cuando inició su nueva vida fuera de la poderosa orden que le había amamantado y protegido. Se trasladó a vivir a Madrid. Ingenuamente creyó que sus obligaciones con los poderes superiores habían terminado. Saldadas sus cuentas con un Dios en el que no creía, se vio abocado a saldarlas con otro dios en el que tampoco creía, pero que se mostraba mucho más visible: el ejército. Al no haberse presentado en Capitanía General, fue declarado en rebeldía por las autoridades castrenses y detenido por la policía. Su nombre se encontraba en la lista de busca y captura. Sánchez Espeso, Germán, era el apellido que precedía al de otro insigne réprobo, Sánchez Rodríguez, Eleuterio, alias "El Lute", el enemigo público Nº 1 del momento.

Pasó la noche en una celda de la comisaría y al día siguiente tuvo la insigne ocasión de hospedarse en los míticos calabozos del subsuelo de la Dirección General de Seguridad, cuyos muros hablaban a gritos de las torturas de la dictadura franquista. De allí fue conducido al centro de instrucción militar de Araca, Vitoria, donde tuvo la oportunidad de probar los sistemas de deshumanización aplicados a los reclutas para convertirlos en instrumentos mecánicos, situación que le inspiró la cuarta de sus novelas de la pentalogía Pentateuco, titulada De entre los números, prohibida por la censura y publicada tras la muerte del dictador.

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso, en el rodaje con tomas aéreas de un anuncio publicitario, 1973

De vuelta a Madrid, subsistió corrigiendo pruebas para una editorial. Fue contratado por una agencia publicitaria para trabajar en el departamento de cine, radio y televisión. Alternó su labor de director de cine publicitario con la de consejero editorial de Ediciones del Centro. Entretanto, publicó dos títulos más de su pentalogía: Laberinto levítico, (Barral Editores, 1969) y la mencionada De entre los números, (Barral Editores, 1978).

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Caricatura de Germán Sánchez Espeso, El País, 26 de septiembre, 1984

El lector avezado podrá observar que sus títulos incluyen los nombres de los cinco libros del Pentateuco bíblico. Sus visiones, en cambio, no defienden valores religiosos; más bien los combaten. El quinto libro de la pentalogía verá la luz en 1984, en la Editorial Plaza Janés. Se trata de una novela corta acompañada de ocho relatos. Uno de ellos, La ventana, ha sido saludado como el mejor cuento de hospitales de todos los tiempos. El título del libro, que tomaba su nombre del de la novela corta, originariamente titulada Deuteronomio de salón, por motivos comerciales fue sustituido por el de Baile de disfraces.

Tras haberse sentido defraudado socialmente con la primera gran mentira de los Reyes Magos, y confirmado en su desconfianza por una segunda, la Religión, aparecieron en su animoso horizonte dos nuevas ilusiones con las que esperaba tal vez recuperar su confianza en la propia especie: el amor y la política. Siguiendo la línea de comportamiento marcada por la naturaleza y orientada con entusiasmo por la sociedad, emprendió la vida de casado a los treinta años. Puesto que la familia de la novia pertenecía a un grupo ultrarreligioso católico, y la única forma legal de matrimonio en la época del nacionalcatolicismo era el matrimonio eclesiástico, accedió a pasar por el altar, mostrando una tolerancia con las ideas religiosas que éstas no tuvieron con él desde el mismo día de su nacimiento.

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso, 1972

El comienzo de su vida posnupcial fue tan dinámico como debía ser el de unos joviales recién casados. Cumplieron con el rito del viaje de novios recorriendo Europa continental en un coche biplaza descapotable y una tienda de campaña. A su frenesí viajero no se escapó casi ningún rincón del continente. Su recorrido incluyó los países nórdicos y algunos de los entonces prohibidos países del ámbito soviético, como Polonia, Alemania Oriental, Hungría y, de nuevo, Checoslovaquia. Su matrimonio, sin hijos, duró cinco años, más del tiempo que asignan los expertos a la ilusión (en su doble acepción de esperanza e irrealidad) amorosa.

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso, 1976

En su libro de ensayo (inédito) Sexo más allá del sexo aparecen algunas reflexiones sobre el amor. El orden de los tiempos del amor está francamente equivocado, dice el autor. A instancias del instinto de procreación, el amor suele empezar con el enamoramiento y fenecer cuando declina éste. Según el autor, debería comenzar en el punto donde suele acabar. Si nos atuviéramos al bienestar sentimental, ese acceso reproductivo lleno de entusiasmo y abocado a menguar debería darse al revés en el tiempo, de modo que nuestro entusiasmo fuera creciendo conforme fuéramos conociendo mejor a la persona que es objeto de nuestras predilecciones. "Pero acaso las cosas estén bien hechas tal como están -añade-, puesto que conocer a fondo a la persona conduce, a menudo, al desencanto más que al entusiasmo".

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso, 1979

La otra nueva ilusión, la política, le haría entender otra parte de su personalidad. Antes de la transición a la democracia participó activamente en las reuniones clandestinas de las plataformas antifranquistas. Muerto el dictador, el país extendió los manteles para el festín democrático. Había que refrendar el texto de la nueva Carta Magna. Primera sorpresa del menú. Entrantes: España es una monarquía. Sánchez Espeso se abstuvo. No entendió que la jefatura del estado de una democracia se consiguiera por el cauce más antidemocrático imaginable: el útero materno. Luego votó por el Partido Socialista. Segunda sorpresa: el viejo partido de izquierdas subvencionaba la enseñanza católica y festejaba la orgía neocapitalista.

La Literatura, su amante eterna

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Valla publicitaria de la novela Narciso, Premio Nadal 1978.
Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso (izquierda) con Antonio Ferres, en la tertulia del Café de las letras, en el Barrio de las Letras, c. 1980.

En 1978 ganó el Premio Nadal con Narciso (Ediciones Destino, 1979), una novela escrita diez años antes, que aguardaba en la oscuridad del cajón a que su autor encontrara la luz suficiente para terminar de alumbrarla. En ese mismo año creó, junto con los novelistas Alfonso Grosso y Antonio Ferres, una tertulia literaria cuyos vestigios aún perduran en el Café Gijón. Se desplazó a Inglaterra para estudiar inglés en el Rutherford College de la Universidad de Kent en Canterbury. Asistió al Festival Internacional de Edimburgo, Escocia. Allí inició la redacción de su novelea (inédita) El ciempiés cojo.

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Presentación de Narciso, Club Siglo XXI, Madrid, a cargo de Alfonso Grosso. Revista ¡Hola!, abril 1979.

En 1979 residió en Estados Unidos como miembro del International Writing Program de la Universidad de Iowa. Escribió su libro de relatos Paraíso (Emiliano Escolar Editor, 1981). Aprovechó su larga estancia en ese Estado para recorrer el país, desde Boston hasta Los Ángeles. Sus incursiones por los estados de California y Nevada le inspiraron la novela (aún sin concluir) Agujeros de gusano en mi pijama. Y aprovechó para satisfacer otra de sus facetas: el deporte, corriendo (hasta la meta) la famosa maratón de Chicago.

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso (izquierda), con un pescador en el malecón de La Habana (Cuba), 2005.

Tuvo entonces su primer contacto con Nueva York, ciudad que le cautivó. A ella dedicaría más adelante largas temporadas y le inspiraría también la ambientación de algunas de sus novelas. Visitó México, Cuba y Puerto Rico, adonde acudió invitado por la Universidad de Río Piedras para participar en un Congreso sobre Novela Española.

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Sánchez Espeso, 1980.

Fue durante su primera estancia en Nueva York cuando abocetó y organizó uno de sus libros inéditos, un ambicioso ensayo titulado "Confucio en la lavandería, (comentarios inmoderados a los comedidos comentarios de Confucio al I Ching)". En él aborda todos los temas imaginables (política, religión, ética, felicidad, sexo, sociedad, etcétera), y sus páginas constituyen un verdadero ideario personal, concienzudamente perfilado, sobre la existencia humana. Su vitalidad, no sólo física, ha sido el motor que ha orientado su vida hacia la búsqueda del difícil equilibrio entre el interior y el exterior.

En esta aspiración no se ha mostrado remiso. En el Anexo 13 de este ensayo, analiza el tema de la felicidad: por ejemplo, dice que un gato dotado de un recipiente interior con no muy amplia capacidad de felicidad, puede ser plenamente, aunque no inmensamente feliz, sentado al sol junto a la ventana; un ángel, en cambio, adornado con una sublime lucidez, podría ser inmensamente feliz si fuera capaz de colmar su descomunal recipiente interior. Lo cual le conduce a la penosa conclusión de que no debe de resultar fácil ser ángel plenamente feliz. "A pesar de ello -añade-, si me dieran a elegir, preferiría ser ángel infeliz que gato feliz. Lo que de ninguna manera estaría dispuesto a aceptar es ser gato infeliz". Reafirma esa protesta con un breve y enérgico poema, titulado "Ángel o gato", de su obra "Quiero más mundo, carne y demonio", que dice:

No quiero ser
gato que agota
tras la ventana
de la cocina
en su felina
tarde y mañana
su diminuto
triste placer.
Quiero tener
cada minuto
gota tras gota
y de una vez
la lucidez
luciferina
que se adivina
en Lucifer.

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Germán Sánchez Espeso en una terraza de Mulberry Street, Greenwich Village, Manhattan. 1997.

En Confucio en la lavandería, al comentar el hexagrama 21, titulado Shi he (La dentellada), relata un curioso encuentro mantenido en 1997 con el escultor que tallaba los capiteles del pórtico central de la fachada oeste de la catedral de St. John the Divine, Nueva York. Uno de ellos mostraba la destrucción de Manhattan, y en él aparecían las Torres Gemelas desplomándose, hecho que sucedería cuatro años después. El escritor nunca olvidaría el brevísimo diálogo que mantuvo con el escultor. "¡La destrucción de Nueva York! -comentó el escritor mientras contemplaba el inquietante capitel-. El día que suceda, será todo un espectáculo". El escultor no respondió. "Me gustaría verlo", añadió el escritor con audacia. A lo que, el escultor, con el martillo en una mano y el escoplo en la otra, enigmáticamente le respondió: "Ya ha sucedido".

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso, por Roberto Casarrubio, 1986

De vuelta a Madrid, Sánchez Espeso publicó, en 1981 ¡Viva el pueblo! (Ediciones Cátedra, Anaya); en 1983, La reliquia (Plaza Janés); y en 1985 Pollo frío en la nevera (Plaza Janés). Cada novela tiene un tratamiento técnico diferente al de la anterior, de manera que parece escrita por un autor diferente. En su producción literaria, hasta en sus libros más comerciales, existe un punto de experimentación, una vuelta de tuerca, si bien un lector avezado puede rastrear en todos ellos los temas recurrentes, los fantasmas que aquejan al autor y su punzante sentido del humor.

Preguntado sobre esta versatilidad, que no le favorece comercialmente pues estorba al clientelismo de los lectores aunque le honra como creador, Sánchez Espeso responde: "Nunca me copio a mí mismo. Eso supondría por mi parte una intolerable falta de recursos narrativos. Y, sobre todo, escribir siempre de la misma forma me aburriría bastante".


Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso, Petra (Jordania), 1989
Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso, 1987

Viajero empedernido, realizó largos periplos con la mochila al hombro. Recorrió Colombia, Perú y Bolivia, por una parte. En otro de sus viajes comenzó su itinerario por Brasil, Paraguay y Uruguay, finalizando en Argentina. Más tarde, Pakistán, India y Nepal, siempre de mochilero tenaz. También Marruecos, Túnez, Egipto, Jordania, Grecia y Turquía. En autobús y tren, y con tienda de campaña, emprendió desde Madrid un largo viaje con destino a la Unión Soviética, donde visitó, entre otras ciudades, Kiev, Minsk, Smolensk, Moscú y Leningrado (hoy San Petersburgo).

Pueden encontrarse elocuentes descripciones sobre su aspecto físico de aquella época en algunos documentos. Pilar de Miguel, en Arriba, 26 de abril de 1979, pg. 26, lo describió como "un hombre pulcro, con grandes bigotes de puntas vueltas hacia arriba, pelo un poco largo, sólo lo imprescindible para justificar que trabaja en una dinámica compañía publicitaria, y una indumentaria impecable"; Juan Madrid, en Cambio 16, 18 de marzo de 1985, pg. 109, habló de su "atildado aspecto de caballero medieval".

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso visto por Salas en la revista Consulta Semanal, 1981.
Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso. Por el Nilo en falúa, 1990

El autor se retrata a sí mismo en su novela La mujer a la que había que matar. En la pg. 128 menciona a alguien que no pertenece al elenco de personajes, ni acaso tenga otro sentido que introducirse a sí mismo crípticamente en la novela como un elemento más de la inquietante atmósfera, a modo de cameo al más puro estilo hitchcockiano: el protagonista se cruza en la calle con "un tipo moreno, de bigotito enhiesto, gafas verdosas y pelo engomado, con aspecto de libertino, que apartó la mirada de un grupo de colegialas para dedicarle una sonrisa de enterado".

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Caricatura de Germán Sánchez Espeso, ABC, julio 1986

Después de asistir durante ocho años al estudio de Margot Paccaud para practicar el Hatha Yoga, se inició en el Raja Yoga con Kalyan Sivananda y fue admitido en la milenaria dinastía del Brahman Gotra, con sede en Jaipur (India). Sivananda le enseñó a usar los mantras tántricos que despiertan kundalini, la energía del cuerpo inmaterial, al tiempo que, Padmini, la sacerdotisa del ashram, le inició en algunos otros sofisticados manejos referidos al cuerpo material. Pueden encontrarse algunos llamativos testimonios sobre su vida sexual en su libro (inédito) Sexo más allá del sexo.

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso cubierto de arcilla en la playa de Aigua Blanca, Ibiza, 1991.

Todo el mundo dice recordar lo que estaba haciendo en el momento en el que se enteró de los grandes sucesos de su época. A Sánchez Espeso, la noticia del asesinato de Kennedy le sorprendió en la biblioteca de la Facultad de Letras leyendo cómodamente el pasaje de la Ανάβασις en el que Jenofonte narra la traición de Ciro a su hermano Artajerjes. En cambio, la caída del imperio soviético le llegó mientras estaba completamente desnudo en la playa de Aigua Blanca (Ibiza), con el cuerpo recubierto de arcilla terapéutica y los complacientes alcaloides de la cannabis recorriéndole las venas.

Pasó largas temporadas en Nueva York. Allí trabajó para la Editorial Macmillan McGraw–Hill. Esa babilónica ciudad le inspiró dos novelas: Las dos telarañas (inédita) y New York Shitty (Random House Mondadori), que la crítica ha calificado como la novela más descarada y divertida publicada en nuestro país.

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Germán Sánchez Espeso, en 1994, durante su estancia en casa de Ethel Kardiner, en Park Avenue

En una de sus estancias en N.Y.C. le acogió en su casa su amiga, Ethel Kardiner, viuda del psicólogo y antropólogo Abram Kardiner, que disfrutaba de un descomunal y lujoso piso situado en la planta 17ª del número 1100 de Park Avenue, en una zona del Upper East Side de Manhattan donde se daba el mayor número de multimillonarios por metro cuadrado del mundo. Algunas de las ostentosas fiestas que se producían en los áticos cercanos, y que se podían contemplar desde su ventana, le sugirieron el argumento de su novela No dejéis el cuchillo sobre el piano (Ediciones Destino, 2000).

Literato siempre, investigador y aventurero, ha hecho también incursiones en el género poético con libros de títulos tan sugerentes como Versiones de perversiones, Capacidad craneal y el citado Quiero más mundo, carne y demonio. En ellos aborda con mordacidad sus temas favoritos: falsedad, instituciones, política, vicios, amor, religión, estupidez, engaño, sexo, etcétera. Su actual predilección por la práctica del Hum Yuan Tai Chi Chuan del maestro Feng Zhiqiang, revela al hombre de refinados gustos respecto al cuidado del mundo interior, según explica, tan necesario para contrarrestar la dificultad en aprehender lo que denominamos la "realidad".

Esta afirmación no debe llevarnos a engaño respecto a sus convicciones, de un marcado escepticismo. En su libro Confucio en la lavandería, comenta el hexagrama 17 del I Ching, titulado Sui (El seguimiento), afirmando que a cada supuesta realidad se enfrenta nuestra grotesca irrealidad de conocedores–desconocedores, o nuestra dramática circunstancia de idiotas–felices, y, lo que es peor aún, "se nos revela nuestro absurdo y distorsionado rostro de seres profundamente innecesarios". "Acaso -añade-, sea este el último término de un despiadado sorites: puesto que saber es entender la infinitud de la ignorancia, pensar es desconfiar del pensamiento, desesperar de él, aborrecer su finitud, su asombrosa incapacidad".

Biografía de Germán Sánchez Espeso
En una de sus clases en la Escuela Popular "La Prospe". El País, 16 de febrero de2001, pg. 24

Simultáneamente, en esos años colaboró con la Escuela Popular del barrio de La Prosperidad en Madrid, un centro asambleario autogestionado. En él dio clases de alfabetización durante los cursos de 1998 y 2001. En la actualidad participa en el cineclub dominical de la escuela.

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Germán Sánchez Espeso (tercero por la izquierda) junto algunos de los asistentes a la tertulia La tarde, en el Café de Ruiz, de Madrid. Septiembre de 2014.

Su desbordante actividad abarca también el ámbito de las reuniones intelectuales. En los últimos años funda dos tertulias: en una, llamada La tarde, que se reúne los jueves en el Café de Ruiz, se tratan todos los temas imaginables. A ella acuden invitados expertos en distintas disciplinas. En la otra, llamada Gafapastas reunidos, S. A., que tiene lugar los martes en la cafetería Almagro 10, se tratan asuntos exclusivamente literarios, y se leen y comentan relatos de los asistentes. También dirige un taller literario, llamado Catarsis y Cía, del que es coordinadora Isabel de Frutos, que firma estas páginas.

Tras haber oído decir a Sánchez Espeso que la adquisición o pérdida de felicidad es el único buen o mal negocio de la vida, y preguntado sobre su propia felicidad, afirma haber aspirado a su grado máximo, la del ángel, pero haber alcanzado acaso un razonable grado de la felicidad del gato. Dice que, en gran medida, su felicidad se la debe a sus neurosis, y agrega que una neurosis bien administrada es una fuente inagotable de felicidad, sobre todo si se trata de una de esas neurosis obsesivo-compulsivas que aquejan a las almas creativas.

Biografía de Germán Sánchez Espeso
Isabel de Frutos con Germán Sánchez Espeso. Roma, 2008

Tales neurosis, según aclara, suelen adquirirse en la infancia, cuando el niño, que cree en la solidez del suelo que pisa y en la protección omnipotente y omnipresente de sus padres, se percata de que su vida depende únicamente de algo tan precario como los latidos de su corazón (eso es al menos lo que le sucedió a Germanito). Entonces toda la realidad se resquebraja y hay que compensar el colosal desencanto con un nuevo encantamiento; es decir: puesto que el mundo se derrumba, habré de reconstruirlo a mi manera. He aquí la bendita neurosis obsesivo-compulsiva del creador, que tanto placer estético origina en los observadores y que a él le salva de la ruina interior.

Isabel de Frutos